Un “Memorial Day” pasado por Agua

Aunque se celebran hasta cinco desfiles en Nueva York, la Kings County Memorial Day Parade de Bay Ridge es posiblemente el más icónico y desde luego el más veterano. Este año se cumple su 150 Aniversario, de manera que me las prometo muy felices presentándome en la Tercera Avenida antes de las once de la mañana… para encontrar un par de calles barradas por la policía y cuatro gatos que esperan el paso del cortejo. Algo va mal, hace un día desapacible y es lunes, la gente ha aprovechado el puente.

Como llego con tiempo sobrado me apeo en una parada de metro más alejada y recorro a la inversa el camino. Así calculo, para cuando la comitiva se ponga en movimiento, los mejores emplazamientos despejados en la medida de lo posible de ventanas, árboles, puertas o cualquier otro artefacto urbano que aparezca en el fondo de la composición. También me fijo en los espectadores, pocos, aunque localizo niños, abuelos y personajes que quizás me darán juego cuando pasemos por delante.

Como siempre, mezclado con los protagonistas antes de la salida, tomo imágenes que en el transcurso del desfile serían difíciles de conseguir, me familiarizo con los rostros más interesantes y ellos también se quedan con mi cara. Mientras aguardamos la salida me fijo en las bandas de música y en las majorettes que blanden bastones con su característico movimiento circular, en los generales jubilados, en los militares y en sus uniformes, en los motoristas, en los bomberos y en la policía de Nueva York. Todo sería perfecto si el tiempo acompañara.

Cuando empieza el desfile sé qué unidades me pueden dar más juego y, sobretodo, qué personas son interesantes y dónde están. Voy al ritmo de la comitiva procurando no detenerme demasiado porque la mitad de los espectadores están grabando el desfile con su teléfono portátil y se enfadan si les estorbo. La parada es larga y más de uno se quedará sin batería, aunque me pregunto qué harán con el vídeo y si se lo mirarán algún día para ver lo que se perdieron mientras registraban el evento en vivo. Es como una carrera de obstáculos, en el centro el desfile, a los lados los móviles y las máquinas de fotografiar de los espectadores y yo con un ojo en cada dirección. De locura.

De repente empieza a llover a cántaros. No sé cómo lo llevarán los veteranos, algunos de la guerra de Corea o Vietnam que ya no están para empaparse como una esponja mientras responden a los vítores y al batir de las banderas norteamericanas. El agua cae a cántaros y mi E-M1 Mark II brilla como recién salida de un túnel de lavado. Por suerte mi cámara actual es estanca y continúo fotografiando sin problemas.

Tras media hora de lluvia intensa el chaparrón remite e imagino que la salud de algunos de los participantes también. Ojeo lo que he hecho y me doy cuenta que, a pesar de todo, he tenido suerte. Si hubiera brillado el sol habría fotografiado casi todo el desfile a contraluz porque se desplazaba en dirección sudeste. Además, entre once y una del mediodía, el sol alto habría creado sombras difíciles de controlar en los participantes. Y eso sin citar el contraste añadido de los rayos solares filtrándose entre las hojas de los árboles en primavera.

Al término de la comitiva, en un punto cercano al puente de Verrazano, me sorprende la presencia de una “reina de la fiesta”, no entiendo qué pinta en un desfile militar. Se trata de una muchacha que interpreta perfectamente su papel, con una banda cruzada que la proclama Miss Italia, supongo que Italia de Brooklyn o de Manhattan, y que saluda casi tan bien como algunos políticos que en el mejor estilo americano aprovechan el acto para hacer campaña electoral.

La otra buena noticia es que en Memorial Day iluminan el Empire State Building con los colores de la bandera americana. Por la tarde desciendo por la 5ª Avenida buscando el mejor punto para capturar la efeméride hasta que localizo una bandera que contrapuntea el rascacielos donde en 1933 se colgaba King Kong. Inesperadamente una niebla que no cesará en las próximas cuarenta y ocho horas cubre la cúspide y se crea una atmósfera que en un día claro y seco sería imposible. Y es que a veces las cosas no salen como esperabas y eso incluso puede favorecerte.