Norte de Tailandia – Mercados con sonrisas

Coincido con mis amigos chinos en el avión que se dirige a Doha desde Cape Town y donde nuestros destinos se separarán por el momento, porque desde Catar parten hacia Beijing mientras que yo llego a Bangkok con el tiempo justo para conectar con un avión de Thai Smile a Chiangmai, en el norte de Tailandia. Los cielos asiáticos me recuerdan aventuras pasadas en olvidados poblados Karen trabajando en una historia que jamás se publicó.

En el aeropuerto internacional de Mae Fah Luang un grupo de niños nos recibe interpretando danzas tradicionales. Mi propósito, como siempre, no es fotografiar todo lo que este país me ofrece, que no es poco, sino profundizar en los temas que me interesan. Entre ellos el mercado de Mae Sai, a pocos metros de la frontera con Myanmar, muy frecuentado por los birmanos, por las etnias de las montañas y por los campesinos de la zona. Una combinación idónea para disfrutar de un placer que hace tiempo que perdimos en Occidente: el arte de tomarse la vida con alegría, tan usual en Tailandia.

Si fotografiar mercados en la mayoría de países es una maratón y los resultados son más bien pobres, esta zona del mundo es el lugar más fácil que conozco para captar el color y la vitalidad. Vendedores y compradores actúan con naturalidad. Es el budismo. ¿Qué al occidental de la barba le divierte tomar fotografías? Pues nada, que se lo pase bien, no le vamos a fastidiar la fiesta.  ¡Viva el karma!

Cada día me gusta más observar el mundo con la mirada alejada del visor. Permite una aproximación diferente. El respaldo de la O-M1 Mark II obstaculiza la mirada a la pantalla trasera, lo que para mí es una ventaja; pero llevarla bien guardadita y olvidarte de que deseas hacer fotos te ayuda a distinguir circunstancias que pasan por alto cuando analizas una escena buscando exclusivamente líneas, formas, volúmenes, colores y composición.

Me propongo examinar los ingredientes con los que se elabora una de las gastronomías más completas del mundo, como refrendaría días más tarde el chef Joan Tanya. Del placer de la observación y tras un paseo muy tranquilo surgen estos productos en el mismo orden que los encuentro:

Arroz salvaje, arroz pegajoso, arroz montañés, arroz de jazmín; miel, ranas, huevos de hormigas, gusanos (suerte que madrugué porque una mujer, delante mío, compró todos los que estaban a la venta para su restaurante, probablemente de alguna aldea) y solo se salvaron tres, que la vendedora no dudó en ofrecerme.

También guindilla, brotes de bambú, mangos verdes y amarillos, pescado seco, especies, cigarrillos a base de tabaco y de hoja de morera, setas, harinas de arroz de diferentes colores, sésamo (que mezclado con arroz, comenta una mujer, es un remedio fenomenal para todo), flores secas, queso de soja, espinacas, coliflores, patatas, cebollas, azafrán, rambutanes, calabazas, pepinos, tomates, mandarinas, berenjenas, duriáns (la fruta más apestosa del mundo), tofu, castañas, cigarras, lichis, grillos y gusanos de seda.

Por las noches, para disfrutar de la artesanía, aprovecho el mercado nocturno de Chiangmai y el Sunday Market en Chiangrai y confirmo una vez más lo difícil que es fotografiar en estas circunstancias, por dos razones: la primera es que de cada puesto callejero cuelga una lámpara que ilumina la mercancía… pero de noche se convierte en un poderoso centro de atención. Y la segunda es que si estás unos segundos preparando la foto, el gentío te empuja y los vendedores te observan.

Al final decido activar el enfoque continuo y camino sin detenerme, fotografiando como si grabara vídeo. La presencia de personas ciegas cantando es común aquí. En estas circunstancias la estabilidad y la rapidez de la cámara es muy importante y la E-M1 Mark II sale muy bien parada.

La Sankhongnoi Road, la calle principal del Sunday Market de Chiangmai también reserva alguna sorpresa para los amantes de la gastronomía. Ahí están los insectos que había visto por la mañana en los mercados, convenientemente condimentados para paladares aventureros. Nada de escándalo, porque tanto sus proteínas como la ausencia de grasas los postulan como un ingrediente muy probable para la dieta del futuro.