Lampang – Los elefantes también lloran

Un día, cuando apenas tenía ocho años, Soraida Salwala vio desde la ventanilla del coche familiar a un elefante abatido sobre la carretera. Todavía vivía a juzgar por sus estertores y por su respiración entrecortada, pero su padre no le permitió apearse.

-¿”Qué le ha pasado al primo elefante” –preguntó.

-“Un camión lo ha atropellado y no podemos hacer nada por él

-“Deberíamos enviarlo al médico, papá

-“¿Cómo quieres que lo hagamos, querida, si es tan voluminoso que nadie lo puede transportar? No es posible curarlo

No habían transcurrido unos segundos cuando escuchó detrás el sonido de un disparo. Soraida empezó a llorar y su padre le dijo para tranquilizarla:

-“Ahora el primo Elefante ya está en el cielo

-“Pero ¿por qué tenía que andar por la carretera?”

Tres décadas después Soraida Salwala fundó el primer hospital para elefantes de Tailandia y probablemente del mundo, que justo este año celebra su veinticinco aniversario.  Los objetivos de la Fundación “Friends of the Asian Elephant” es acabar con la explotación de los paquidermos desde cualquiera de sus variantes: trabajando en el campo, como espectáculo para turistas, paseando por las ciudades o recluidos en zoológicos y en otros espacios de cautividad.

-“En Chianmai –le comento- hay casi ochenta campos de elefantes y muchos viven de la aportación económica de los turistas que asisten a las representaciones”.

-“Sí –contesta con una media sonrisa- No tengo grandes amigos en estos campos, pero con los años han entendido que por el bien de los elefantes se ha de limitar su explotación. Lo ideal sería que mi hospital no tuviera ningún paciente y que el gobierno preparara un Plan Nacional para la conservación de este bien de Tailandia”.

Y a continuación me introduce a dos grandes paquidermos: Motala y Mosha. Ambas tienen en común que tropezaron con una mina mientras caminaban por la selva, cerca de la frontera con Myanmar.

Khun Chawalit, un técnico hospitalario especializado en prótesis humanas, el día que se jubiló decidió alistarse como voluntario para seguir activo, aunque ahora con los elefantes, como han hecho otras personas este cuarto de siglo. En un taller cercano a las instalaciones que albergan a los pacientes, como los denomina Soraida, se renuevan y construyen las prótesis gigantescas que sostienen toneladas depeso.

-“Estas heridas –alerta- también ilustran desde el punto de vista de los animales las consecuencias de las minas”.

Con lógica occidental le pregunto:

- “¿Pero teniendo en cuenta que estos animales consumen centenares de kilos de comida al día y que estarán inmovilizados para siempre, no habría sido mejor para ellos la eutanasia y evitar sufrimientos”?

-“No olvides que somos budistas y no matamos gratuitamente a los animales

Desde un punto de vista técnico resolver las condiciones de iluminación en las que se albergan los elefantes, protegidos por un cobertizo a la sombra pero con una tremenda entrada de luz lateral, y evitar en la medida de lo posible la estructura de barras y vigas que sostienen la estructura no es nada fácil. El contraste es muy grande y la injerencia de elementos que entorpecen la composición fotografiando con el angular también es notable.

Lo ideal habría sido un día nublado o permanecer hasta el atardecer o el siguiente amanecer aguardando una iluminación propicia. A pesar que todavía es temprano resuelvo como puedo las condiciones desfavorables porque vuelo a Bangkok el día siguiente. Por lo menos con uno de los dos elefantes recién nacidos sí puedo disimular el fondo, gracias al cuerpo de su voluminosa mamá y con un 45 mm

-“Unos años más tarde –cuenta Soraida- en el transcurso de un programa de televisión conocí al profesor Chuen Srisawasdi. Me dijo que tenía una sorpresa… y me presentó a Tao Sala-ngam, el propietario del elefante que falleció en aquel accidente. Él mismo, por la gravedad de las heridas, quedó inválido para siempre. También supe que el elefante se llamaba Bua-Joom que significa “Loto”. Fue otra de las razones que me impulsaron a crear esta fundación. Necesitamos ayuda y si alguien desea colaborar puede visitar nuestro portal www.friendsoftheasianelephant.org. Somos solo 14 personas y llegamos con apuros a final de mes”.